
-Voy a la ducha primero…
-¿Por qué tú? –inquirió insolente Daniela.
-Porque yo voy a prepararles el desayuno… aunque si lo quieres hacer tú, no tengo problema… ¿qué me dices?
-Qué pesada –me contestó mirando hacia otro lado. Me dirigí a la puerta de salida con una sonrisa de satisfacción. –Y apúrate que tengo hambre.
-Y cuidado al entrar –dijo Nyzia al pasar por mi lado en busca de su maleta. –Si te quedas encerrada no seremos nostras las que armemos el escándalo para sacarte. Tendrás que gritar lo que te dejará en vergüenza… otra vez.
Iba a volverme y tirarle algo, pero me arrepentí. Era loable que estuvieran enojadas conmigo por lo que había armado la noche o madrugada anterior aún si yo no recordaba casi nada de lo sucedido –y no es que quiera justificarme. Entré al baño y allí hice lo que tenía que hacer, me lavé concienzudamente con el agua caliente que salía de la llave y me vestí rápido puesto que no quería que mis hermanas se fueran si comer algo que les diera energías para el día que no sabía cómo se venía en horarios. Dejé que Nyzia entrara al baño mientras yo aún me secaba el cabello y la vi mirándome de reojo por la forma en que trataba mi cabello. Ella lo hubiera llamado suicidio cabelludo, lo que es yo, quería que el pelo se me secara más rápido así que no iba a gastar tiempo en pormenores como alejar el aire caliente a tantos centímetros o tonteras así.
-Ten cuidado al bañarte. –Le dije con una sonrisa. –No vayas a resbalarte con el jabón.
-No soy tan tonta –me contestó haciendo una mueca.
-No lo digo por tu falta de inteligencia, lo digo por tu mala suerte.
Y salí del baño sin esperar a que me respondiera. Si quería meterse conmigo iba a salir perdiendo… aunque algo en mí me dijo que estaba mal lo que hacía y que tenía que regresar a pedirle disculpas y ese tipo de cosas, pero estaba apurada y no había tiempo para eso. Entré en la habitación descubriendo a Daniela envuelta sólo en una toalla.
-¡Tápate! –le ordené. Ella me miró como si estuviera loca.
-No grites tan temprano –dijo pasando por mi lado y sentándose en su cama (la que ya estaba hecha)
-¿Qué pasa si alguien entra aquí y te ve así?
-¿Alguien como quién… tú por ejemplo?
-Sabes a qué me refiero –le dije lanzando mi pijama encima de mi cama revuelta.
-Si hablas de que si Max entra y la ve así, no tienes porqué preocuparte, acaba de irse –me dijo Paloma seria.
-¿¡Qué… qué!? –inquirí atragantándome de pronto.
-Es mentira. –dijo Daniela y puso los ojos en blanco pasándose la mano por el pelo. Miré a Paloma casi con odio y ella me tiró la lengua.
-Voy a cocinar mejor –mascullé camino a la puerta. –En diez minutos las quiero a todas abajo.
-¿Crees que tendrán Head & Shoulder? –oí que le preguntó Daniela a la Paloma cuando ya iba saliendo.
Bajé las escaleras corriendo más por huir antes de explotar con ellas que por querer cocinar. Las cosas no podían salirme peor esa mañana y para más remate me encuentro con el indeseable número uno de la casa.
-Buenos días –me dijo Jae cuando me vio entrar a la cocina.
-Buenos días –le deseé yo también. Lo vi con un delantal azul cuadrillé muy femenino que me dieron ganas de reír, pero si quería seguir al pie de la letra lo que le había dicho al líder, era mejor que mirara hacia otro lado en ese mismo momento.
-¿Te puedo ayudar en algo? –preguntó colocando todo su ser frente a mí haciendo que aguantarme las ganas de reír fuera casi imposible. Llevaba el pelo recogido en la frente por una banda elástica y usaba guantes de oso panda.
-Vengo a preparar el desayuno –le dije.
-Oh no… -me dijo sonriendo sin alegría alguna. –El desayuno lo hago yo.
-No, es que no hablo del desayuno para los chicos, yo hablo del de mis hermanas.
-Por eso, ahora estoy haciendo comida para nueve personas.
-Mis hermanas no almuerzan a esta hora. –Le dije con las cejas juntas.
-Esto no es almuerzo –me contestó bajando la cabeza para mirarme mejor.
-Para mí lo es.
-Pero para nosotros no.
-Mis hermanas nos son ustedes.
-Pero están con nosotros.
-Pero no comen lo mismo.
-Ya veremos.
-¿Qué quieres decir con que “ya veremos”?
Jae se alejó de mí y sonrió acercándose al mesón y lo golpeó con la mano enguantada que ya no me causaba risa.
-Ambos prepararemos lo que nos parezca mejor, si tus hermanas eligen tu comida yo no diré nada, pero si eligen la mía tú te quedarás callada. ¿Trato? –Jae estiró la mano tentándome para aceptar. Yo lo miré desafiante y se la estreché.
-Trato.
Me puse manos a la obra. Tenía que ganarle a este tipo, aunque me dio miedo que mis hermanas con lo enojada que estaban comieran su comida por sobre la mía. Tragué saliva y deseché ese pensamiento… tenía un desafío por ganar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario