
Lo miré mientras seguíamos caminando. El tipo debía de tener muy buena memoria porque ni yo a veces me acordaba de lo nombres de la gente a la que conocía, aunque un nombre como el de él no se olvidaba tan fácil si vamos al caso. Jae no me habló más hasta que llegamos a la entrada del parque de diversiones que era enorme.
Bueno, en realidad yo nunca había ido a un parque de diversiones porque en donde vivía no había uno de esos. Así que estaba muy sorprendida del tamaño de los juegos y todas esas cosas. Me quedé de pie sin poder moverme. Hubiera preferido x1000 ir a ver a Arashi, pero tampoco podía pedirlo todo, estaba con Jaejoong por amor de Dios, o sea, ¿de verdad aún quería más? Me reí porque mi mente me respondió que sí, pero yo la sacudí consciente de que Jae me miraba como si estuviera haciendo caras de nuevo, lo que yo, cuidadosamente, ahora cuidaba de no hacer.
-¿Un regalo para la hija? –preguntó un señor acercándosenos desde uno de los varios puestos que había en la entrada al parque. Miré a Jae el cual –no sabía porqué –no respondía y yo con un gesto de mano le dije al señor que no era necesario.
-¿Es que soy muy viejo? –preguntó. Yo le tomé la mano más fuerte porque su tono me había alertado y me preocupé un poco.
-Bueno, compañero, -le dije sonriendo para calmar los ánimos. –Estás con ese disfraz medio extraño, no es raro que te confundan con mi padre.
-¿Tú crees?
Me reí de manera estrepitosa lo que hizo que todos los que pasaban por ese lado y los dueños de los puestos ambulantes nos miraran más de lo normal. Recompuse mi rostro con un carraspeo y apuré a Jae para que entráramos al parque.
En sí, yo nunca había visto tanta tecnología junta. Era unos juegos muy grandes y se notaban que era entretenido pero hechos para valientes. Tal vez podría subirme a las Tazas, o al trencito de Mickey, pero a una montaña rusa no había fuerza que me obligara. Por eso elegí la Rueda de la Fortuna, algo cómodo y que no daba tanto miedo… aunque esa Rueda, comparadas a las que me había subido yo antes no era nada… la altura parecía asesina y si no hubiera sido por la mano de Jae que seguía estrechando la mía era muy posible que hubiera escapado entre la gente como si estuviera pasando entre jugadores de fútbol americano.
-¿Estás segura de que quieres subir? –me preguntó Jae al ver mi rostro que según yo ya debía estar verde. Lo miré y traté de esbozar una sonrisa.
-Yo, sí, sí quiero…
Nos subimos en la casetita que cerraron por fuera y me senté frente a Jae el cual se quitó el gorro y los lentes haciendo (de forma muy maldadosa) que mi corazón latiera más rápido.
-¿Te pasa algo? –preguntó sacudiéndose el pelo que había quedado desordenado a causa del gorro.
-¿Eh? ¿Cómo dices?
-Estás muy roja… ¿tienes vértigo o algo así?
-Este bueno, yo… no cómo se te ocurre… -miré hacia la ventana en donde todo Tokio estaba comenzando a achicarse. –No es sólo que tengo un poco de calor.
-Cuando bajemos te compro un helado, ¿te parece?
Asentí sin dejar de mirar por la ventana. Me pregunté que debían de estar haciendo mis hermanas pero dejé pasar el pensamiento en lo referente a Belén, sólo cuando ella supiera que había salido con Jae, tal vez, y sólo entonces le hablaría… sabía que la venganza nunca era buena y que mata el alma y la envenena, pero al diablo con todo eso, yo estaba con Jae y eso nadie me lo iba impedir.
de verdad que alli no hay parquees de atracciones?
ResponderEliminar:S