
Libro de Daniela:
Estaba muriendo de sueño. Sí, era verdad, el ensayo –como dijo Paloma –había sido muy bueno, no podía esperar por ver el show completo y real; y no era que me gustaran ellos, bueno, feos no eran ni por si acaso, pero en casa estaba harta de su música y era algo como “anti-DBSK” por lo que tenerlos cerca no era la 8va maravilla del mundo.
Lo que sí me estaba gustando de todo esto era el chico alto y tierno que caminaba ahora junto a mí mientras nos llevaban –según Nyzia –a un lugar donde poder descansar.
-¿Tienes mucho sueño? –me preguntó el chico, al que Nyzia y Paloma llamaban Max.
-Sí, es que no he podido dormir hace mucho rato.
-Lo comprendo. –Me dijo asintiendo mientras doblábamos por un pasillo iluminado por el suelo. –Tu hermana se desmayó porque el idiota de Yunho le dijo que no podía dormir hasta que saliéramos en un programa de televisión.
-¿En serio?
-Uh-uh, pero ella se desmayó después. Aunque luego durmió mucho.
Yo lo miré y le sonreí. No es que coqueteara como pienso que debió creer Paloma cuando me vio haciendo este gesto. Era solo que no me ocurrió nada mejor que hacer para responderle. Nada más que eso; no me gustaba que mis hermanas pensaran que yo era una fresca porque no era así. No era mi culpa que tuviera una personalidad tan atrayente…
La habitación a la que los chicos nos llevaron era muy grande y tenía hartos futones (colchones delgados en el suelo, cama típica japonesa) en donde me derrumbé luego de despedirnos de los chicos. No tuve ánimos de nada más; quería dormir y de paso ver si soñaba con Max, que más que mal era muy lindo y cantaba como yo. El sueño llegó muy pronto y lo último que escuché mientras mis hermanas conversaban de lo que acababa de pasarles fue:
-Creo que lo mejor es no hacerme ilusiones, sólo me tomó la mano…
Nyzia siempre se pasaba rollos con chicos… esperaba que este por lo menos tuviera algo de realidad.
La cama era muy cómoda, y aunque no acostumbraba a dormir en el suelo me pareció genial copiar las tradiciones japonesas ya que estábamos en ese país… Dormí a “pata suelta” como dirían en mi país. Y cuando me desperté tres horas más tarde Belén aun no nos había ido a buscar para el concierto. Me enderecé en el futón y observé como Nyzia y Paloma seguían durmiendo como si la bulla que había afuera no existiera, porque sabía que me había despertado al escuchar miles de voces gritando en algún lugar no muy lejano. Bostecé y me estiré para sentirme más cómoda; me levanté del futón y supe que tenía mucha hambre. Iría a buscar a Belén ese mismo instante porque mi estómago rogaba por alguna ración de comida. Me acerqué a la puerta muy lentamente para no despertar a mis hermanas y salí de la habitación sintiéndome muy desorientada al ver a tantos japoneses corriendo de un lado para otro. No sabía qué hora podía ser y tenía miedo de perderme. Miré hacia todos los lados posibles tratando de recordar por dónde había sido que los chicos nos habían traído y me dispuse a caminar.
-¡Daniela! –oí la dulce voz de mi hermana Belén. Venía muy contenta conversando con Max. -¿Ya te despertaste?
-Uh-uh –le respondí mientras saludaba a Max. De seguro que no debía verme muy bien dado que recién venía despertándome. –Hay mucho ruido –me quejé cuando Belén entró a la pieza a ver a mis otras hermanas.
-Sí, el concierto empieza en una hora más y está todo lleno afuera –me contestó Max.
-Eso es bueno –le dije yo tratando de peinarme con las manos. Me enojé por no andar con mi bolso en donde siempre llevaba un espejo y perfume por cualquier cosa; habíamos salido tan rápido que no andaba con nada de eso encima. –Tengo hambre… -le dije a Max sin saber porqué, pero él me sonrió y se señaló a sí mismo.
-Yo también.
-Tú siempre estás comiendo –escuché que dijo Belén prendiendo las luces de la habitación mientras despertaba a las niñas con esa manera tan suave suya.
-¡Ahhh! Un poco más, no cuesta nada… -se quejó Paloma. Nyzia en cambio se cubrió la cara con la frazada y se movió hacia otro lado.
-¡Arriba! ¿No me digan que quieren perderse el concierto?
En un dos por tres mis hermanas se levantaron de los futones y declararon estar listas. Belén sonrió –al parecer andaba mucho más feliz que esa mañana –y nos guió junto a Max hacia el camarín en donde estaban los otros.
-Tengo hambre –le dije a mi hermana mayor.
-Sí, yo también… -Nyzia se acercó a nosotros. Paloma en cambio se quedó rezagada mirando todo a su alrededor…
-En el camarín hay comida de sobra –nos dijo Belén.
-Sí, el exquisito ramen… -vi a Max lamiéndose los labios. Me reí de su gesto y Nyzia también.
-Sí, súper rico… -dijo Belén sarcástica. Nyzia frunció el cejo y me apresuré a explicarle a mi hermana de lo que hablábamos.
-¿Tu has comido eso? –le preguntó Nyzia a Belén.
-Sí, y no es malo, pero es como raro…
-Bueno, yo lo probaré, con el hambre que tengo como lo que sea… -dije yo.
-¡Anono! –Gritó Belén, -Te quiero aquí, ¡no vayas a perderte!
Paloma la miró de la misma manera altanera que lo hacía mi hermana mayor y no le hizo caso. Belén puso los ojos en blanco.
-Allá ella… -dijo levantando los hombros.
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