
Estaba otra vez sentada en un avión. Pero esto era muy, muy diferente a lo que yo había pensado que podría ser. Sabía que me iba a arrepentir de haber acompañado a estos chicos a Japón, porque mi idea era conocer Corea no la isla frente a ella.
Cuando el señor me lo preguntó por enésima vez si podía acompañarlos y yo le volví a repetir que no, fueron los chicos los que se acercaron a mí y me rogaron que por favor los acompañara. Tenía un poco de recelo por aquellos muchachos a los que apenas podía verles la cara y que hablaban otra lengua. Pero la forma en que me la pidieron, como si yo fuese la única persona en el mundo capaz de solucionarles el problema, me desconcertó y sin darme cuenta ya les estaba respondiendo que sí, que iría con ellos.
Mi extraño me dedicó una sonrisa que por unos momentos me dejó deslumbrada y sin razón, para luego levantarse y ponerse a hablar con el señor que ya se notaba, estaba más aliviado. Cuando terminaron de conversar mi extraño se dirigió a mí.
-¿Tienes tu pasaporte a mano? –Yo metí mi mano derecha en el bolsillo del chaquetón que llevaba y le mostré la Visa.
-Acabo de llegar –le expliqué cuando él se acercó a mí y me quitó la Visa. Se volvió al señor y se la entregó. El señor se alejó a paso apresurado -¡Hey! –exclamé acercándome rápidamente con todas las ganas de quitársela.
Sentí como unas manos me apresaban por la espalda y no me dejaban continuar. Quise volverme para ver quien era la persona que osaba ponerme los dedos encima, pero mi extraño se apresuró a dejarme libre. Oí que le decía algo a la persona a mis espaldas pero yo no presté atención a nada de eso. Sus movimientos me habían dejado en Urano por lo que era muy poco posible que pudiera concentrarme en algo que no fuera él. Mi extraño bajó la mirada y me fue imposible despegar la mía de la suya.
-Te devolveré la Visa en unos momentos –me dijo. Yo asentí como tonta.
Me dieron ganas de tirarme del 5to piso de algún edificio porque mujer más obvia que yo no podía haber en este mundo, oí como los demás se reían y noté la mirada de mi extraño sobre ellos llamándolos a comportarse. Parecía como si él tuviera más autoridad aunque este pensamiento no me era del todo creíble puesto que se notaba que no era muy mayor.
Me quedé mirándolo fijamente sin moverme. Era alto, mucho más alto que yo que sólo mido 1.59 cm, no él medía mínimo unos 1.83 cm. Así que le llegaba a los hombros lo que me agradó. No se le veía casi nada a través de ese seudo disfraz pero yo sabía que ahora se reía con sus amigos por algún chiste de uno de ellos que no paraba de hablar por teléfono.
El señor volvió al rato y me pasó mi Visa, la que guardé con rapidez por si alguno de los chicos quería tomarla prestada sin mi permiso.
-El avión partirá en diez minutos. –Informó. –Les sugiero que comiencen a caminar y de paso le explican algo a la señorita.
Todos me miraron, pero antes de que yo pudiera decir algo, ya estábamos camino a la puerta de abordaje con mi equipaje siendo cargado por uno de los chicos mientras mi extraño me llevaba del brazo como si yo fuera a perderme.
-Me llamo Jung Yunho, ya te lo había dicho ¿no? –me habló mi extraño muy bajito cuando bajamos por unas escaleras automáticas lejos de las puertas de abordaje a las que yo creía que nos dirigíamos.
-Sí, yo me llamo Belén. –Cuando Yunho trató de pronunciarlo no pude contener la risa, y tampoco sus amigos lo hicieron.
-Yo soy Kim Jaejoong. –Se acercó uno.
-Park Yoochun, -dijo otro dándome la mano.
-Kim Junsu –me dijo el que estaba cargando mi equipaje. El último tuvo que pasar su mano por encima del hombro de Jae para que pudiera estrechársela.
-Shim Changmin.
-Hola a todos –les dije.
Iba preguntar –ahora que por lo menos estábamos más en confianza- porqué los atuendos a lo FBI, pero unos gritos hicieron que todos nos diéramos vuelta hacia atrás. Oí que Yunho decía lo que parecía como una maldición y me apretaba el brazo más fuerte.
-Habrá que correr, ¿no creen chicos?
Preguntó Junsu. Todos se miraron por una fracción de segundo y al otro ya estaba volando tirada por Yoochun y Yunho.
Miré por encima de mi hombro para cerciorarme de que la turba de chicas venía hacia nosotros realmente ya que no comprendía la reacción de los chicos a correr. Yunho parecía convencido de que al final nos salvaríamos porque miraba con esperanza el camino que íbamos recorriendo. Los otros chicos estaban con cara de preocupación, en especial Changmin cuyo rostro estaba casi morado. Junsu cargaba mi maleta, lo que notaba no le acomodaba para nada pues tenía problemas para correr. Jae venía libre así que no tenía mayores problemas para correr lo que me dio rabia. Hasta Yoochun tenía que casi cargar conmigo y él no se le ocurría nada mejor que correr sin prestarles ayuda a los demás. En pocos segundos ya estaba delante de nosotros corriendo a más velocidad.
Me pregunté qué tanto importaban esas chicas. Yo no era famosa, que supiera, y los chicos tampoco, por que sino ya me lo hubieran contando, ya que nadie se guarda eso de que es famoso. Me fijé en Yunho que seguía con el rostro esperanzado y a Yoochun que no despegaba la vista del frente.
Yoochun comenzó a sudar y su mano se resbalaba de mi brazo, le costaba enormemente seguir sosteniéndome, y quise decirle que yo podía correr sola, pero antes de eso, Yunho se dio cuenta y dejó que Yoochun corriera sólo y él mismo empezó a tirar de mí.
Los gritos, de pronto, fueron apagados de manera brusca lo que me dio escalofríos, era como si hubieran sido tragados por la tierra y de pronto dejaran de existir.
-Gracias a Dios –oí decir a alguien, pero aún así los chicos no dejaron de correr y yo entonces comencé a fijarme que la gente que pasaba nos miraba sorprendida como si supiera exactamente quienes era los chicos y no entendieran porqué corrían.
Cuando llegamos a una puerta de vidrio salimos de ella como expulsados por una fuerza mayor y yo casi me caigo pero Yunho ya estaba allí para sostenerme. No pude evitar sonrojarme pero él estaba tan distraído –gracias al cielo –que no notó mis mejillas rojas.
-Vamos –fue lo único que me dijo luego de estabilizar a mi desequilibrado cuerpo.
Los chicos avanzaron más rápido que nosotros hacia un avión que se alzaba en medio de la pista. No tenía las medidas de un avión comercial convencional, éste era más pequeño, pero con una estructura que no dejaba dudas era privado.
muajajajaja.. apuesto a que si eso fuera realidad abias muerto..xD
ResponderEliminarte quiero :)