
-Gracias –me dijo. –Por levantarme.
-Te tiré, es lo menos que podía hacer.
-Pero viendo como eres pensé que te irías antes de siquiera verme en el suelo.
-Qué mal concepto de mí tienes –mascullé sin poder ocultar mi decepción y el dolor que me causó el escucharlo decir eso. Yunho se giró a mirarme alertado por mi tono pero yo no le di tiempo de preguntar nada. -¿Mis hermanas?
-Bueno –dijo frunciendo el cejo. –A la más pequeña no la vi –eso me dio mucha mala espina. –Daniela y Nyzia estaban durmiendo en el living, pero Nyzia no se despertó cuando llegamos, en cambio…
-Daniela si lo hizo… ya veo.
-Ajá. Las conoces bien…
-Como sea, Yunho. ¿Qué hacen tan temprano en la casa?
Por lo que él me había contado tenían un horario muy ocupado para ese día y habíamos hablado de eso durante el desayuno y el viaje a la estación de radios –el cual había sido para nada –entonces no me cabía un cambio de horario tan drástico.
-¿Pasó algo?
-Llegó Junho –me dijo.
-Junho… Junho… ¿tú dices el hermano de Junsu?
-Uh-uh –respondió como si nada lo que me dio mucha rabia.
-¡¿Estás loco?! –exploté de pronto cosa que él no se esperaba. Me levanté de un salto y me puse a caminar a ciegas por la pista de baile pensando en la mejor manera de abordar lo que acababa de pasar. Yunho se quedó sentando como si no entendiera nada de lo que estaba haciendo, lo que me irritó aun más. -¿¡Qué no entiendes?!
-¿Entender qué? –preguntó calmado, pero yo noté un pequeño tono de susto.
-A ver, -me acerqué a él y me agaché hasta quedar a su altura, puse mis manos en sus rodillas lo que hizo que se sobresaltara pero que a mi no me importó. -¿Dónde se va a quedar Junho?
-Aquí –me respondió no muy convencido del camino en el que yo estaba llevando la conversación.
-Aquí –repetí sin dejar de mirarlo a los ojos. -¡Somos cuatro mujeres y tú traes a un hombre más! ¿Estás loco?
Me puse de pie nuevamente y me dirigí hacia la escalera para subir, pero Yunho me tomó del brazo y me detuvo… me dio la muy fuerte sensación de Dèja vû, como si esto hubiese pasado antes y me dio un poco de miedo y a la vez mucha alegría… no entendía nada.
-No vas a subir y hacer otro escándalo.
-¡Pero son mis hermanas! –le grité tratando de soltarme de su firme agarre.
-¡Y es nuestra casa! –me gritó enojado.
Tragué saliva y me quedé pasmada. Yunho acababa de gritarme y eso nunca lo hubiera esperado de nadie que no fuera mi padre. Me dieron ganas de llorar pero me las aguanté y por eso fue que dejé de forcejear y me quedé callada sin mirarlo a la cara.
-Vas a quedarte tranquila ¿me oíste? –me dijo muy cerca a la cara.
-Sí –le respondí.
-Y no vas a hacer escándalo.
-Uh-uh.
-Y me vas a abrazar.
-Como quieras… ¿qué?
Yunho me atrajo hacia él y me rodeó muy fuerte con los brazos haciendo que mi rostro quedara hundido en su pecho. Había estado apunto de escupirle en la cara hace menos de dos segundo, pero ahora tenía que luchar con las ganas que me dieron de devolverle el abrazo porque también quería sentirlo cerca de mí… ¿qué me estaba pasando?
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