
No iba a gritar… no iba a gritar… no iba a gritar…
-Cálmate –me dijo Yunho a mi lado mientras me tomaba la mano. No sabía si para hacerme sentir más nerviosa o para impedir que avanzara hacia donde estaban Paloma y Jae (ese individuo me las iba a pagar de alguna manera) acostados en la misma cama.
-Belén, -dijo Paloma incorporándose en la cama. –Tanto tiempo.
-No seas payasa ¿quieres? –le espeté. Yunho apretó mi mano alertado por mi tono y traté de contar hasta diez.
-Oh, bravo Yunho, la has domado –dijo Jae satisfecho.
-No le eches más leña al fuego Jae, además tú tampoco estás libre…
-Exacto. Paloma, ven.
-¿Qué… qué me vas a hacer? –me preguntó con miedo, pero luego resultó que estaba siendo insolente. –Yo hago lo que se me pegue la gana.
-¿Ah sí? –le pregunté. Avancé unos pasos pero la mano de Yunho no me dejó ir más allá del umbral de la puerta.
-Me lo prometiste.
-Porque me lo ordenaste –le dije enojada recordando el grito que me había mandado en el subterráneo.
-Tienes que cumplir con tu palabra.
-¿Pero que no ves lo que han hecho?
-La verdad es que no, -me dijo. -¿Acaso tú sabes lo que ellos han hecho?
-Bueno… pues… -me volví rápidamente hacia Paloma y la miré ya sin tanta rabia. -¿Qué estaban haciendo?
-¿Quieres la verdad? –me preguntó Paloma poniéndose de pie. Vi que Jae también se levantaba de la cama y se ponía a su lado. Eso no me gustó para nada.
-Sí, la verdad.
Entonces Jae le dijo algo a Paloma en japonés a lo que ella respondió encogiéndose de hombros. La manó de Yunho se tensó y me hizo retroceder.
-¿Qué pasa? –Inquirí -¿Qué le dijo?
Yunho miró hacia otro lado incómodo.
-Estábamos jugando –me dijo Jae. El tipo estaba delante de Paloma como si yo fuese a pegarle a mi hermana o algo. No iba a caer tan bajo, no luego de saber lo que Yunho pensaba de mí… tenía que controlarme… por el bien de mi hermana y de mi imagen exterior… tenía que controlarme.
-¿Jugando… a qué? –pregunté apenas sintiendo que la garganta se me cerraba.
-Se hicieron cosquillas –respondió Yunho a mi lado.
-¿Ah? –pregunté.
Y de repente me vino una enorme e inesperada envidia contra mi hermana pequeña. Ella se había hecho cosquillas con Jae y yo también quería hacerle cosquillas a Yunho y verlo sonreír y que no siempre fuera él el único cuerdo de los dos, y estar a su lado… ¿qué estaba pensando? Suspiré dentro de mi mente, hacia mucho tiempo que no negaba mis propios sentimientos, siempre acostumbrada a decirme a mí misma que el chico en el que pensaba demás no me gustaba para así sacármelo de la cabeza, pero ahora… ahora era diferente. Lo sentía.
-¿Qué te pasa? –preguntó Jae con notables ganas de que yo perdiera los estribos. -¿No sabes si gritar, patalear o tirarte de una ventana?
-Jae –lo detuvo Yunho. –No empieces.
-No es eso –le dije a Jae sin rabia alguna. –Es que… -Miré a Yunho y sentí que me ponía muy roja. –Es sólo que…
-Habla, niña. –me dijo Jae.
-Es sólo que… bueno. –Miré hacia otro lado y suspiré dándome valor para decir lo que quería decir, pero no fue necesario porque Yunho tosió y también miró hacia otro lado con lo que me di cuenta de que había entendido mi punto.
La verdad es que yo también quería estar así con Yunho… esperaba que hubiera entendido eso. Me recompuse y respiré hondo.
-Vámonos –le dije al líder. –Tengo hambre.
Me di la media vuelta para irme pero Paloma me llamó.
-¿No vas a retarme? –preguntó.
-¿Sabes? Creo que tienes razón. –Le dije sonriendo luego de pensarlo mejor. –Yo no soy tu madre así que haz lo que creas que está correcto.
Y me fui. Caminé unos pasos hasta que sentí a Yunho rodeándome con sus brazos y que de pronto me besaba la cabeza. Ser buena hermana tenía sus recompensas y eso me encantaba.
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