
Estaba sentada afuera de mi habitación mientras escuchaba música. No quería entrar porque me daba miedo y no sabía donde estaba el interruptor. Hero había dicho que tenía cosas que hacer y me dejó fuera de mi habitación para encerrarse en la suya rápidamente.
La evaluación de ese día daba una nota de 6.5, obviamente no por el hecho de levantarme temprano ni de haber visto a mi hermana Nyzia haciendo cosas de grandes (llámese a eso intercambio salival) Si no porque había entrado a la pieza de Jae y había jugado a las cosquillas con él, habíamos robado juntos las donas de Max y a los dos U-Know nos había regañado por hacerlo. Esto de tener cosas en común con el chico amado era lo mejor.
Cerré los ojos mientras me dejaba llevar con la música de Ariel Lin, y me imaginaba a mi y a Hero riéndonos juntos, caminando de la mano por las calles de Tokio (no me acordaba cuál era la capital de Corea) y haciendo travesuras. Luego con rareza recordé a el mismo Hero que hoy día me amenazó con su poder 2.0 en Mirotic y en Wrong Number y me dio un dolor de estómago notar lo distinto que era cuando estaba en su casa o en confianza. Sonreí un poco al darme cuenta de que conmigo se sentía en confianza y eso por lo menos alentó mi ánimo que con ayuda de la música había empezado a decaer.
Echaba de menos mi casa, a mis amigas, el colegio y en especial a mi papá. Quería abrazarlo y decirle que lo quería, jugar con él y pegarle en la espalda y decirle: papi lindo o cosas así. Acostarme en mi cama, ver Bob Esponja, escribir mis novelas en el computador y ver doramas con mis hermanas en la noche con miedo de que mi padre se apareciera por el pasillo de la escalera a gritarnos que era muy tarde y que luego de volviera a dormir sin acordarse de lo que acababa de hacer. Echaba de menos hacer mi ritual antes de acostarme, el cual consistían en cuatro pasos:
Dejar mi cama lista para dormir (con las tapas hacia atrás y con algunos abrigos a los pies).
Bajar al baño aunque no tuviera ganas de usar al señor inodoro y lavarme los dientes.
Llenar un vaso entero con agua para sólo tomar un sorbo.
Subir a la pieza, aplicarme mi crema para las manos y molestar a mis hermanas para que dejaran de conversar o acusarlas a papá de que no apagaban la música y luego escuchar un poco de Ai Otsuka o DBSK para dormir y cerrar los ojos abandonándome al sueño.
También extrañaba el comer con mis palillos, esos que había comprado en la tienda china en la que atendía en único chino lindo de la ciudad y por sobre todo extrañaba estar en familia.
Sabía que iba a llorar, pero me gustaba. Sí, eso de sentir pena y que los ojos me lagrimearan aún sin tener verdaderos deseos de desahogarme y esas cosas. Pero así era, así era yo, y me gustaba como era.
-¡Oye! –oí que alguien me decía a mi lado.
Abrí los ojos y me encontré cara a cara con Jaejoong el cual sonreía de manera muy sospechosa. Al principio creí que era un sueño, que estaba en mi casa sentada en mi cama y que me imaginaba que Hero estaba cerca de mí, pero luego de un rato la realidad me sobrevino de golpe y tuve que cerrar los ojos varias veces para creer de verdad en que Jae estaba frente a mí.
-¡Oye! –volvió a decirme con ese tono sospechoso. Apagué el mp3 rápidamente y levanté las cejas.
-¿Qué pasa?
-¡Shhtt! –me dijo poniendo sus manos en mis hombros para que me quedara quieta y me callara. –Tienes que prometerme que te quedarás callada.
-¿Ah si? ¿Y para qué sería? –pregunté mas bajo.
-Es que he elaborado un plan –me dijo sonriendo cosa que hizo que de pronto hiperventilara de una manera casi vergonzosa.
-¿Plan?
-Sí, vamos –se levantó rápido y me ofreció la mano, cosa que me hizo recordar el momento vivido en el concierto el día anterior… ¿era la misma hora? -¿Vas a tomar mi mano o quieres quedarte fuera de mi maravilloso plan?
-Pero… -tomé su mano y él me ayudó a ponerme de pie. –Pero ¿qué vamos a hacer? –pregunté dándome cuenta de que usaba un raje negro apretado (que me hizo acelerar el corazón) y llevaba guantes en las manos.
-Silencio –dijo caminando lento mientras miraba hacia todos lados por si alguien nos veía. O eso creí. –Como mi compañera de estrategias –dijo deteniéndose antes de pasar por la escalera, -estás obligada a secundarme en mis propósitos.
-No entiendo –le dije arrugando la cara. Jae apretó mi mano más fuerte y pasó corriendo por la escalera hacia la pared que nos protegía por si alguien nos veía.
-Vamos a jugarle una broma a Shim.
-¿Eh?
-Me acusó con Yunho, eso no se perdona. La última vez le dijo que había atado todos sus zapatos al picaporte de la puerta de la calle y Yunho me dijo que me quedaba sin postre por tres días.
-¿Él puede hacer eso?
-No sé si ser el líder le da tanto derecho, pero nadie reclama.
-Nosotros a Belén sí, pero casi nunca.
-El punto, -dijo abriendo la puerta de su habitación y sacando una bolsa de basura llena con no sé qué –es que ahora mes la va pagar. Y no va a poder saber quien pudo ser.
-¿Cómo estás tan seguro?
-Por que tú dirás que estuve todo el rato contigo.
Me puse roja de solo escucharlo decir eso. Hero me sonrió y luego se puso el dedo en la boca poniendo cara de extrema concentración y caminó de puntillas como verdadero criminal a la habitación de en frente que era donde dormían Xiah y Max, según mis cálculos. Sacó de un bolsillo algo que parecía una horquilla y la metió en el resquicio de la llave.
-La puerta está abierta –le dije. Habíamos entrado sólo esa tarde a la pieza y él sabía que la piezas nos estaban cerradas con llave nunca. Él mismo me lo había dicho…
Jae me miró y me sonrió avergonzado.
-Lo siento, es que si actúo como bandido me gusta hacer el papel completo ¿entiendes?
-Uh-uh –le dije un poco desconcertada con esa actitud de demente que tenía.
Obviamente la puerta se abrió rápidamente (no estaba cerrada ni por si acaso pero Jae igual al final de la operación llámese a esto meter la horquilla y fingir que la puerta se abría con ella besó el metal y lo guardó dentro del pantalón como si fuera un tesoro), entramos despacio y cuando estuvimos dentro Hero cerró la puerta rápidamente dejándonos en la más completa oscuridad.
-Prende la luz –le pedí.
-Sospecharán si ven una luz en donde se supone no hay nadie.
-No seas paranoico –le dije riéndome por su falso temor.
-Vamos a hacerlo a la manera convencional –dicho esto Jae comenzó a moverse medio raro buscando algo y de pronto se prendió la luz de una linterna que nos alumbró muy pobre.
-Me voy a caer si no veo –le dije.
-A ver, agárrate de mi chaqueta.
No tuvo que repetirlo dos veces para que yo le hiciera caso. Me sostuve de la chaqueta de cuero negro que usaba mientras él deshacía la cama de Max y le echaba algo encima.
-¿Qué es? –pregunté sin identificar algo que me pareció papel pero arrugado. Jae no aguantó las ganas de reírse cuando me contó.
-Es papel higiénico.
-Eso no es broma para nada –le dije sin expresión.
-Pero el papel está sucio.
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