lunes, 7 de septiembre de 2009

13º Capítulo. Libro de Daniela /Parte 2


Cuando me separé y lo vi muy colorado me fijé en que Max se había levantado y me miraba como si yo hubiese hecho algo muy malo. Entonces reparé en mi error y me apresuré a explicarles a todos lo que me había pasado, Max fue el único que se mantuvo alejado de mí aun sin creerme lo que había pasado porque Xiah y Junho lo habían hecho entendiendo la diferencia de cultura.
Xiah se disculpó de nosotros diciendo que tenía que hacer algo y que ya volvía, Max me miró y me dijo si podía acompañarlo, su tono de voz me alertó así que era mejor seguirlo, nos disculpamos de Junho y así fue que él me llevó a otra parte de la casa muy cerca de donde había desaparecido Micky. Abrió una puerta de metal y me hizo pasar de las primeras haciendo que me doliera un poco el estómago, pero esta vez no de hambre si no de sospecha. ¿Intentaría besarme nuevamente como había tratado la noche anterior? Esperaba de corazón que no fuera así porque no quería que nuestra relación se acabara de pronto, me conocía demasiado bien como para saber que un beso cambiaba todas las cosas, en especial en una amistad. Pero la habitación ni siquiera estaba oscura (como había pensado) si no que era un sueño hecho realidad para mí.
El cuarto al que habíamos entrado no era otro que el gimnasio de la casa que contenía máquinas para ejercitar los músculos.
-¡Wow! –exclamé muy alegre caminando alrededor de todos los aparatos. -¿Esto es todo de ustedes?
-Uh-uh –me respondió Max.
Me volví hacia él muy rápido pues otra vez su tono me había alertado y lo encontré con el rostro triste. Me acerqué rápidamente a él frunciendo el cejo muy preocupada.
-¿Qué pasa? ¿Tienes hambre? –le pregunté. Y por primera vez desde que lo conocía Max negó con la cabeza y suspiró muy apenado. ¿Entonces….?
-¿Tú besas así a todos los chicos que conoces?
Así que de eso se trataba… Mm, una escena de celos, lo que me faltaba. Bufé sin mirarlo y luego le di la espalda para continuar admirando las máquinas.
-La verdad es que sí –le dije luego de un rato. –Así se saluda en mi país, no sé que tanto le pones.
-Pero, es tan cercano…
-Así son las cosas Max –me sentí muy mal llamándolo por su nombre.
-Me llamo Changmin –me dijo enojado.
-Para mí eres Max –le dije. –Así te conocí, no puedo llegar y cambiarte el nombre de un día para otro.
-Pero mi nombre no es Max –volvió a decirme.
Me volví hacia él y lo vi apoyado en la baranda de una máquina corredora. Hice una mueca y me tomé las manos detrás de mi espalda. Caminé muy lentamente hacia él y cuando estuve realmente cerca de él le sonreí.
-¿Quieres que te bese en la mejilla? –le pregunté.
Max levantó los ojos y noté un brillo ansioso en ellos. Lo quedé mirando a la espera de su respuesta algo en lo que no se tardó.
-¿Quieres besarme?
-En la mejilla –acentué. –Sólo para que sepas que para mí no es la gran cosa.
-¿De verdad puedes?
-¿No quieres acaso? –inquirí sin dejar de sonreír.
Siempre había tenido ese qué se yo que hacía que todos hicieran lo que yo quería que se hiciera, a Belén no le gustaba que usara ese tipo de estrategias de “convencimiento” con ella porque no le gustaba perder en contra de su hermana menor, pero ese don (como yo lo llamaba) había hecho que mi padre accediera a mandarnos a Corea, que dicho sea de paso, es lo mejor que he logrado con él.
-Claro –me dijo. –Bésame.
No pude dejar de sonrojarme cuando le oí decir eso, pero él se inclinó y yo me acerqué a él.
-No corras la cara –le advertí. Max me miró extrañado como si ni a él se le hubiera ocurrido esa idea y sonrió. Entonces acerqué mis labios a su mejilla y lo besé muy fuerte.
Tal vez un beso en la boca fuera mucho más íntimo, o más de pareja o de personas que se gustaban o algo así, pero juro que ese beso fue mucho más fuerte que cualquier otro que le hubiera podido dar. Mi corazón saltó frenético dentro de mí y me hizo sentir miles de mariposas revoloteando en mi estómago. Sentir su mejilla bajo mis labios era mucho mejor que la comida que mi ser deseaba… miles de veces mejor.

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