lunes, 28 de septiembre de 2009

14º Capítulo. Libro de Daniela/Parte 5


-Diferente –le dije para no tener que mentirle. Max se quedó con la vista fija en mí esperando algo más pero yo antes de responder me llevé de nuevo la cuchara a la boca y con todas mis fuerzas le sonreí. Entonces él también sonrió de oreja a oreja y comió de su pote de sopa.
Rogué para que lo otro que hubiera cocinado no estuviera tan mezclado, pero a la vista, el contenido de los paltos tampoco era muy alentador. Casi cuando estaba por terminar la sopa (le pediría explícitamente a Belén que ella nos cocinara) Max carraspeó para llamar mi atención y antes de que me llevara la penúltima cucharada se quedó mirándome de manera muy intrusa que me hizo pensar que lo que me preguntaría no era muy cómodo.
-Ejem, –volvió a carraspear. –Esto…
-¿Sí? –pregunté un poco aliviada de dejar la cuchara de vuelta en el pote.
-Tú, esto… ¿tú has tenido, ya sabes… novio?
Tal vez para él y su rara cultura esa fuera una pregunta muy personal, pero para mí no lo fue en lo absoluto por lo que tomé la cuchara y me llevé sopa a la boca, era mejor acabar con el suplicio de una vez por todas.
-Sí, -le dije después de la última cucharada mientras él no se había vuelto a mover y había seguido todos mis movimientos. –Sólo uno…
-Ah, -Max se levantó y recogió los potes de la sopa dejándolos en el lavaplatos. Luego de eso volvió a sentarse y continuó mirándome de manera nerviosa.
-¿Cuánto tiempo duraste con él?
-¿Por qué quieres saber? –le pregunté yo a cambio.
Max se rió nervioso y se estiró hacia atrás en el asiento de la cocina. Comenzó a servirse de los platos y se llevó una gran cantidad de vegetales con arroz a la boca. Yo me quedé mirándolo seria tal y como lo había hecho él antes esperando a que me respondiera. Max tragó lo que tenía en la boca y se la limpió con la servilleta para luego mirarme serio, cosa que me dio dolor de estómago.
-Quiero saber cuanto duraste con él, por saber cosas…
-Ah, -le dije entrecerrando los ojos aun sin entender su punto. –Duré alrededor de cuatro meses, más o menos… sí… eso.
-¿Cuatro meses? –preguntó.
-Uh-uh –le dije un poco harta. -¿Podrías decirme para qué…?
-Yo nunca he tenido novia.
-Oh.
-Bueno, entré a esto cuando tenía catorce años, ya no tengo tiempo para eso.
-Ya veo –dije un poco nerviosa. Tomé los palillos y comencé a comer del arroz (que no estaba tan mal) y con recelo tomé un poco de lo que había en el plato más cercano a mí. -¿Estás arrepentido? –le pregunté.
-No es eso –me dijo tomando un poco de jugo. –Tal vez es sólo que bueno… no te vayas a reír ¿ok?
-Claro –le dije sin evitar sonreír. –Lo siento.
-Es que, mira, el otro día prendí la televisión, antes de que tu hermana llegara y dejara todo un poco desordenado en nuestras vidas y todo eso, estaba esperando ver un programa que me gusta mucho de aquí que dan en la mañana y cambiando los canales me quedé viendo Disney.
Casi escupo lo que tenía en la boca. No podía imaginarme a Max, ese chico tan sexy frente a mí que bailaba y cantaba demasiado bien… viendo Disney. Eso era algo totalmente digno de mi hermana Nyzia, pero ¿él?
-Lo siento –me disculpé. –Es sólo que…
-Sí, lo sé. Jae me dice que soy una chica si veo Disney, pero es que no había nada más en la televisión y como sólo quedaban unos minutos, como sea, me puse a ver Hanna Montana y bueno…
-Ah, -dije comprendiendo las cosas. -¿Te gustaría ser normal?
-No sé si tan normal, pero bueno, sí, un poco menos público.
-Te entiendo –Max me miró con el cejo fruncido. –Bueno, la verdad es que no te entiendo, porque yo no soy famosa y eso, pero… -me mordí el labio porque no sabía qué decirle.
-Por eso me gusta estar contigo –dijo de pronto.
Oh, de nuevo directo…
-Eres normal, no tienes que escapar de las fans ni nada por el estilo, no tienes que contar tu vida privada en todos los programas y haces lo que te dé la gana… comes lo que quieres…
-Esa es la parte que más te duele ¿no? –pregunté en broma. Max me miró y soltó la risa.
-Claro, lo peor es que te digan gordo…
Ambos nos reímos un rato y cuando guardamos silencio nos quedamos mirando creo que sin pestañear.
-Come –me dijo. –Te estás poniendo pálida.
-No es por eso –le dije.
-¿Entonces?
-Es que me quedé pensando qué sería vivir contigo para siempre.
No lo pensé, sólo lo dije y no me arrepiento, porque había sido la verdad, Mientras nos reíamos me lo imaginé conmigo por las calles, abrazados y tomados de la mano, comprando en las tiendas y verlo dormir a mi lado… Y todo eso me trajo a la mente de que no estaría con mis hermanas, lo que me produjo un dolor en el pecho que me hizo sentir mal.
-No lo tomes en serio –le dije al ver que Max estaba mirándome como si yo le hubiera dicho una noticia terrible. –Fue sólo un comentario.
Max no me habló si no que siguió comiendo como si nada. Me dio un poco de miedo de que a lo mejor había ido muy lejos con mi comentario, pero luego de un rato Max me preguntó acerca de lo que yo hacía en Chile y la conversación retornó a ser algo más impersonal, lo que me pareció raro, pero mucho más cómodo.

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